Lunes, 07 Marzo 2016 00:00

Descubriendo la elegancia en el sueño amazónico

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La primera vez que vi a Rusbel fue hace dos años cuando, mochila en mano y con la compañía del Gerente Comercial de INKANAT, crucé por primera vez el Amazonas para llegar a su comunidad en la cuenca del Tigre.

Ayer volví a verlo, en Iquitos esta vez, en una reunión para tratar objetivos de trabajo entre la comunidad a la que pertenece y nuestra empresa. Uno de mis objetivos era mostrarles vídeos que habíamos grabado en encuentros anteriores en su comunidad. En realidad, como responsable del eje psicológico, mi propósito era que se vieran a sí mismos, se reconocieran y recordaran aquello que aparentemente habían olvidado: la posibilidad de desear.

Cuando el vídeo terminó, se hizo el silencio durante unos segundos. Rusbel entonces habló: “Lo importante de esto que vemos es que nos hace pensar… Nos hace pensar en que los sueños se pueden hacer realidad, los sueños de nuestros hijos, y los nuestros. Podemos pensar en el futuro. Eso es lo que yo he aprendido de esto”.

Mientras él hablaba y el resto escuchábamos, me quedé pensando en sus palabras y observando sus movimientos. Lo que decía iba acompañando de movimientos armoniosos y suaves: la misma armonía y suavidad que había apreciado antes navegando por el río; recordé el aire cálido que sopla bajo el sol armando espejitos sobre el agua, el color de la tierra cobrizo y el verde azulado del paisaje envuelto en nubes blancas y esponjosas. Las palabras de Rusbel sonaban consistentes, tranquilas y seguras; aprecié un atisbo de esperanza en su tono. Me quedé pensando en qué había podido suceder en su vida para que en algún momento dejara de soñar, de desear… Si lo real era que había evidencia de que podía, de que tenía capacidad para desear y pensar en un futuro. Me pregunté, ¿qué habría pasado en su vida para que equivocadamente haya creído que es mejor no soñar? ¿Y qué es lo que ha posibilitado poner en palabras el deseo de un futuro mejor?

Las comunidades del Amazonas son poblados formados por personas que tienen dentro de sí una historia sufrida. Algunas de esas personas hoy en día han dejado de pensar en el futuro, simplemente porque han perdido la esperanza. Repiten lo que conocen y no piensan en alternativas, porque lo que ya conocen les permite tener cubiertas ciertas necesidades de vida: conocen los cultivos, conocen métodos de pesca, conocen las relaciones comerciales de sus recursos en centros urbanos cercanos, conocen remedios medicinales de las plantas que les rodean y conocen con qué otros poblados hay conflictos y con cuáles hay paz. Es decir, conocen lo que necesitan, y al mismo tiempo no (re)conocen lo que desean. Están acostumbrados a no desear, sino a que sea el deseo de otro el que ellos actúen.

Diferentes organismos se acercan a ellos con intenciones de generar mejoras en sus condiciones de vida: les pueden facilitar fondos para construir baños por ejemplo, o para hacer uso de la electricidad a través de placas solares. La realidad sin embargo es diferente; hay comunidades que no hacen uso de lo puesto por algunos organismos externos, y al final, las placas quedan de adorno de los techos de sus casas y los baños que debieran ser instrumentos higienizadores, no lo son porque no hay mecanismos de bomba de agua. El deseo de esas mejoras muchas veces es impuesto por el que llega y otras veces, las pocas, es sentido por las comunidades, pues han contado con el espacio necesario para pensar por sí mismos en el futuro.

Rusbel fue claro en sus palabras: “He aprendido que los sueños se pueden hacer realidad”. No sólo se permitió soñar, sino que también se permitió decirlo; expresarlo al resto. Los demás que escuchábamos, nos quedamos pensando.

Irma González

Nací en País Vasco rodeada de montes y praderas verdes. Soy psicóloga y empresaria y resido en Perú como Gerente General de INKANAT. He realizado charlas sobre aspectos asociados al biocomercio, al área empresarial y a la difusión de la sociobiodiversidad en diferentes organismos: MINAG de Iquitos, Universidad Agraria, Ricardo Palma, y contribuye a la generación de alianzas con instituciones para promover la ética en el comercio de la biodiversidad y la difusión de los recursos naturales del Perú. Trabajo directamente con comunidades aplicando el modelo be trade, modelo de intervención psicológico creado en INKANAT para el trabajo directo con los nativos y que compromete tres ejes: ambiental, comercial y psicológico.