Lunes, 07 Marzo 2016 00:00

Para coger algo del bosque, se pide permiso

Escrito por
Valora este artículo
(9 votos)
Para coger algo del bosque, se pide permiso Irma González

He pasado miedo a veces, cuando se trataba de coger una partecita de una planta o de pensar en entrar al bosque (adentrarse en la selva virgen). Mi miedo no era casual; en varias ocasiones y en diferentes comunidades, tanto de selva alta como baja he escuchado a los pobladores decir que para ciertas cosas hay que pedir permiso. Por ejemplo, en lo referente a usos de plantas, bien sea para procurar sanar enfermedades o malestares a través del conocimiento ancestral, los nativos suelen ser muy cautelosos no solo con la planta que escogen para preparar su remedio, sino también con la forma de preparación. El primer acto que realizan es coger la planta. El segundo acto es la preparación propiamente del remedio. Y el tercer acto es la toma. Hago mención a los ‘actos’ porque esta sucesión de los mismos, configuran la forma completa de su método de sanarse, método que puede considerarse un ritual.

Desde la psicología podría hacerse ahora una ilación con los mitos y ritos comunitarios, pero voy a detenerme en concreto en lo que he identificado como primer acto, que es lo que se relaciona con la parte del método ancestral sanador que apertura el ritual. La recogida se realiza por la persona que conoce la planta, sus propiedades y su ubicación en caso de ser silvestre (actualmente muchas comunidades cuentan con las plantas en lugares muy cercanos a sus casas o en sus propias chacras o terrenos familiares). Consiste en identificar la parte de la planta que es necesaria para el remedio, conocer su ubicación y recogerla, pero, aquí viene lo destacable: pidiendo permiso a la planta. Es decir, la recogida de la planta equivale a cubrir una necesidad: se coge lo que se necesita y pidiendo permiso porque es algo que se toma previa petición. Se desprende la petición de permiso que se trata de una toma necesaria para la persona; de una recogida cuidadosa de la planta. Los nativos atribuyen a esta parte del ritual tal grado de importancia y creencia que -en el caso de que el remedio no funcione o genere efecto contrario al esperado- puede deberse a que no ha habido petición de permiso. ‘La figura dadora’ sería la naturaleza y ‘la figura receptora’ el ser humano. La deidad entrega al humano un elemento preciado en cualquier caso. Tras la recogida de la planta preciada, se da el agradecimiento a la naturaleza, justamente por la entrega de algo que es valioso.

En caso de que la planta esté ubicada en la parte silvestre del monte o bosque, esto es la selva virgen, no solamente hay que pedir permiso a la planta, sino también en el momento de entrar al bosque. A veces los actos de petición suelen simbolizarse con contra entregas de algún objeto simbólico; por ejemplo y bien típico: mapachos. Los mapachos son cigarros artesanales que suelen dejarse bajo un árbol en el momento de acceder al bosque para alguna labor. El mito dice que el mapacho se entrega para que el Chullachaqui no aparezca y te lleve. Dicen que el Chullachaqui es como una especie de espíritu del bosque que puede aparecer ante una persona -bajo la forma humana de algún pariente- para atraerlo y secuestrarlo y que, la única forma de reconocerlo es porque uno de sus pies es diferente y cojea.

De cualquier forma, tanto la petición de permiso de recogida de la planta como de entrada en el bosque, implican el pensamiento de que hay un otro protector de la planta o del bosque y que no permite un mal uso, desuso o abuso. Si tuviéramos que analizar la perspectiva psicológica de esta figura protectora, podríamos observar que se trata de una proyección a una figura externa (la naturaleza, el bosque, el Chullachaqui) de un pensamiento o sentimiento humano propiamente (pudiendo entenderse como norma), pero puesto en otro ‘no humano’. En otras palabras, es el propio nativo el que tiene este pensamiento o sentimiento protector sobre su entorno y sobre sí mismo. En la mayoría de los casos, los mitos están asociados a realidades parciales, como se puede desprender que entrar al bosque solo, es peligroso porque existen riesgos en la naturaleza amazónica que pueden poner en peligro la supervivencia (animales, plantas, río, clima, etc.) y que ha habido más de una desaparición de personas cuando entran al mismo. La desaparición de personas que entran, podría haber conformado la leyenda mítica del Chullachaqui y de otros mitos.

El nativo por origen, coge aquello que necesita de su entorno. El colono arcaico y los nuevos colonos (organismos externos, estatales, o internos como comunitarios) son los que en su mente han tenido o tienen la explotación del recurso. Por lo tanto, y desde el punto de vista del biocomercio, los planes de manejo y capacitaciones sobre sostenibilidad ambiental (que se realizan hoy en día a los pobladores de las comunidades para el uso de los recursos) pueden ser entendidos como planes y ‘manejos recordatorios’ y no como un ‘algo nuevo’ que se lleva a las comunidades desde fuera. Tal vez este escrito pueda servir a profesionales de diferentes ramas que se dedican a capacitaciones ambientales, para que, desde otra posición, impartan esos talleres, pensando no tanto en lo nuevo que llevan, sino en la capacidad sostenible que de por sí ha tenido la cultura amazónica. En el mito está la enseñanza de la sostenibilidad que hoy en día es practicada, no solo por algunos nativos, también por varios profesionales foráneos que hemos tenido la posibilidad de escuchar e interiorizar de otra forma esta conexión con la naturaleza.

Irma González

Nací en País Vasco rodeada de montes y praderas verdes. Soy psicóloga y empresaria y resido en Perú como Gerente General de INKANAT. He realizado charlas sobre aspectos asociados al biocomercio, al área empresarial y a la difusión de la sociobiodiversidad en diferentes organismos: MINAG de Iquitos, Universidad Agraria, Ricardo Palma, y contribuye a la generación de alianzas con instituciones para promover la ética en el comercio de la biodiversidad y la difusión de los recursos naturales del Perú. Trabajo directamente con comunidades aplicando el modelo be trade, modelo de intervención psicológico creado en INKANAT para el trabajo directo con los nativos y que compromete tres ejes: ambiental, comercial y psicológico.