Martes, 16 Septiembre 2014 00:00

El concolón

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Más allá de la delicia de nuestra gastronomía, hay un menú entero que no pedimos y que debemos sacar del fondo de la olla.

Nunca hasta ahora - hasta estas épocas de “opinólogos” tuiteros - la gastronomía había emprendido una campaña de difusión tan intensa como la que invade los gustos y paladares, tanto que llegan a convertirse en un tema casi obligatorio de sobremesa en las mesas que se deleitan con las porciones de un Perú, sin dudas, generoso. Para nadie es un secreto que desde hace años, Mistura (festival que ayer culminó, luego de diez exitosos días en la Costa Verde de Magdalena del Mar) ha ganado el título de la feria de gastronomía más importante de la región, donde el trabajo de la gente que lleva los cucharones, están dándoles ese punto de sazón a la altura del denominado boom, y que incluso no paró hasta colocar a Lima en la cúspide, al nombrarla el 2013 como capital gastronómica de América Latina.

No solo es el sabor, como se sabe, el aroma también lo lleva a uno… Al parecer, el mundo entero ha caído rendido ante la mezcla de sensaciones, entre excitación y estupor, a la que sabe la degustación de nuestra comida, con la única novedad, es que estamos más atentos y orgullosos de su glamoroso presente. Por supuesto es la que consumimos en casa (o en tápers estando fuera de ella), la que siempre estuvimos acostumbrados a ingerir pero mero gusto u obligación proteica (“la zanahoria es buena para la vista”), y que hoy parece haberse destapado ante la revelación de un estigma súper popular. Que no se entienda mal. Es un error demorar en calar el mensaje de que la cocina también puede ser cultura, que la gastronomía no es simplemente llenar la barriga, de que Mistura trata de reflejar una parte muy importante de la patria, de nuestra identidad.

Que se entienda que en Mistura, el grupo de comida es uno, y que hay otros seis: uno de mercados, otro de exposiciones. Hay prensa, curiosos, visitantes renombrados, investigadores, nutricionistas, todos repartidos en bandeja para probar un poco de todo el país sin tener que salir de la capital. La grandeza de la cocina peruana crece tierra adentro, justamente donde se cuecen las habas, porque las diferencias se marcan en las alturas de los andes, en los valles más fértiles entre montañas, en la diversidad amazónica. Los ajíes, las papas, el choclo, el aguaje, el camu camu ya no son insumos nada más, ahora se presentan como el tesoro que los productores traen a la feria, para compartirlos y sentirse reafirmados en la cadena de alimentos de los comensales nacionales y también extranjeros.

“El Gran Mercado” del evento en sí, es para muchos una experiencia de consumo y cultura, desde otro punto de vista es también una forma de intercambiar conocimientos, dar a conocer nuevos productos y promover las conexiones entre los múltiples actores, en la que interviene más de un rubro (pesquero, agrario, entre otros). Seguir añadiendo valor y generando empleo alrededor de nuestra comida requiere que las buenas experiencias se multipliquen. Se necesitan cocineros y personal calificado, ingredientes de alta calidad, para lo cual la conexión del público con quienes proveen los insumos es fundamental. Lo que no puede perderse de vista es el sentido estratégico para el desarrollo nacional, donde lo diverso y lo inclusivo, lo económico y lo social, van de la mano. No importa cómo. Lo ibérico, lo mediterráneo, lo árabe, lo oriental, lo africano; o cualquier exteriorización de las influencias no solo debemos magnificarlo en lo culinario.

Porque el Perú, más allá de lo ancestral y de sus muchas bellezas conviviendo al lado de sus tareas pendientes, es también una nación de creadores valiosos, de ingenieros perseverantes, de obreros de primera mano, de artistas sensibles… herederos de las tradiciones que alguna vez, el gran Ricardo Palma escribió con su buena pluma. Pues bien, hagamos que Mistura y la valorización de la comida sea el point, como trampolín y punto de partida para estimar, entendiendo que somos más que ese chancho al palo que tanto han prostituido los noticieros y magazines dominicales. 

Promoviéndote Perú

En el comienzo, allá por el año 2006, Promoviéndote Perú era una de esas ideas positivas que concebimos cotidianamente, de esas que mayormente no logramos madurar por dejarlas pasar. En aquella ocasión, la intención fue cultivar la esperanza de convertirnos en el mejor intermediario entre los hacedores y el éxito, como el verdadero medio difusor del emprendimiento en la población.

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