Lunes, 20 Octubre 2014 00:00

Hábito morado

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Desde tiempos en que nuestros ancestros tienen memoria, del Santuario de las Nazarenas los creyentes han vestido las túnicas moradas con el lazo blanco como un acto de fe. Ya en estas épocas, la misma continúa vigente en muchos y por ellos, el morado es y seguirá siendo el protagonista del mes de octubre. Color que según las crónicas, tiene razón de ser porque Jesús se le presentó en sueños a la madre Lucía Maldonado, tal cual, así, vestido de morado y con un cordón blanco. Otros afirman que dicha tonalidad representa a la penitencia. Sea como sea, mujeres y hombres visten la túnica con convicción, que se complementa con el compromiso de llevar en hombros el anda del Señor, más el extra que requieren los mismos fieles al cargar sus pedidos y agradecimientos en cada recorrido.

Y es que año tras año, son infaltables las alfombras de flores y cadenetas hechas por los seguidores del Cristo Pachacamilla, que salen a las calles para demostrar con cánticos y rezos su devoción desmedida. En las pistas y aceras, decenas de ambulantes hacen su agosto en pleno octubre a costa de todo lo que pueda ser vendido. ‘Recuerditos’ que salen como pan caliente, o mejor dicho, como un turrón caliente que logra amalgamarse en cada cuadro, estampilla y medallita que materializa, al menos en un ‘cachito’, los milagros que el Salvador puede derramar sobre los feligreses.  

Un mar de gente acude por la tradición atribuida a una representación popular. La historia cuenta que la figura del santísimo fue pintada en un muro de adobe por un esclavo de casta angoleña, y que este quedó milagrosamente en pie, luego de que un brutal terremoto en 1655, desmoronara Lima por completo. Desde entonces se le dice el Cristo Moreno y se le sigue rindiendo homenaje, pues como es habitual, en su peregrinación se reúnen abuelas, madres con hijos, hijos con madres y padres también, todos con el objetivo de poder llegar a ver o tocar la sagrada imagen. No caben tantas emociones juntas en la Avenida Tacna: unos lloran y otros gritan mientras de las casas avientan flores, y las bendiciones se reciben al compás del unísono “Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión...”.

Un poco de lo que ahí se vive es que todos alzan la mirada, y elevan oraciones que suben al cielo con olor a sahumerio. Las cantoras con su voz acompañan el paso lento a lo largo de la procesión, y se unen a los ruegos y lágrimas o de esperanza o de alegría. El anda se detiene y aplaude la presencia del Señor; una infinidad se siente más cercana a Él. Creemos que sensación de cercanía ha de ser un milagro en sí. El milagroso se mese por las viejas calles del Centro, suenan campanas de fondo. La solemne marcha procesional le añade notas de documental al recorrido. La tradición de los balcones de arquitectura virreinal, enmarcan los cohetes que se revientan en el capitalino cielo gris. A lo lejos, cánticos de la hermandad se mezclan con las plegarias de la multitud. Hay un rosario interminable de esperanzas.

Sea voluntario o no, el hábito de asistir a la procesión es una tradición que no pasa desapercibida en el mes de octubre. La fe y devoción es puesta a prueba para quienes fueron capaces de hacer una promesa, pero más aún, para quienes son capaces de cumplirla. Es increíble cómo la fe sigue uniendo a lo que era llamada la Ciudad de los Reyes, y que ahora se hace llamar la ciudad de los Reyes; los Quispe; los Gonzáles; los Romero. La de todos. La que se junta al menos por un instante para arrepentirse por sus pecados o para convencerse de que tiempos mejores vendrán. Pensamos que es para inflar el pecho del orgullo, ya que debe ser la manifestación de fe más grande a nivel mundial. El Salvador acompaña a quienes lo siguen. El Cristo Moreno no descansa, por lo que nuestra fe tampoco debería. Abran paso, hermanos... La procesión se lleva por dentro, pero qué lindo es cuando en octubre el pueblo también lo lleva y vive por fuera.

Promoviéndote Perú

En el comienzo, allá por el año 2006, Promoviéndote Perú era una de esas ideas positivas que concebimos cotidianamente, de esas que mayormente no logramos madurar por dejarlas pasar. En aquella ocasión, la intención fue cultivar la esperanza de convertirnos en el mejor intermediario entre los hacedores y el éxito, como el verdadero medio difusor del emprendimiento en la población.