Miércoles, 05 Noviembre 2014 00:00

Hola, vengo de Barrios Altos

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Y lo ‘criollo’, ¿qué sería? Al habitante nacido en América Latina, quien descendía directamente de padres españoles o criollos ya existentes se le denominaba como tal pero, a un peruano lo primero que se le viene a la mente al escuchar dicha palabra es la idea de aquella música representativa de su país, asociadas a valses, marineras, tonderos u otros de orígenes afroperuanos como el festejo. Y si de comidas se trata, lo ‘criollo’ no se queda atrás, calificándose de tal forma a platos típicos de la región costeña peruana. Ahora, detrás del entendimiento de la palabra en cuestión, aún se pueden encontrar en pro de actitudes marginales que lo usan de calificativos como 'vivos', 'estafadores' y más de índole peyorativa. Digamos que hay una falsa creencia de los criollos, pues por documentos, sabemos que la calificación negativa se originó en la costumbre que tenían los antiguos descendientes de españoles de viajar por el interior del territorio nacional, y tomar con engaños y falsas promesas, las posesiones de los habitantes rurales. Cosas del pasado, o como quiera decirle, pero no son hechos anacrónicos.

Al criollismo se le entiende por estos días, en resumen, como una comprensión mestiza y mulata del norte y del sur de Lima. Lo que se refleja en varios ámbitos, llámese la música, la gastronomía, la forma de ser de cada individuo y las características étnicas que éste posee, es decir el peruanismo por concepto e ideología. Centrémonos un poco a la dicotomía de cada octubre: Halloween versus el Día de la Canción Criolla. Hay quienes afirman que el motivo de los dulces y los disfraces le ha propinado tres knockout consecutivos a la celebración de las cuerdas y la percusión. Es usual escuchar la sentencia de muerte de la música criolla: que se encuentra en estado agónico, que su permanencia es de pronóstico reservado o que tiene los días contados en la preferencia popular de las nuevas generaciones. Se le echa mucho la culpa a la falta de referentes o a la poca exposición de la melodía, o que el ser ‘tradicional’ le juega en contra.

Dicen que la crisis de la jarana de rompe y raja está justamente así: rota y rajada. Pareciera que la orfandad de nuevos valses, cantantes, compositores y músicos dejasen un vacío difícil de llenar con otros ritmos. Hay quienes dicen que la música criolla empezó a morir en el 73, año en el que el corazón de Luchita Reyes dejó de latir. Su entierro multitudinario no ha tenido réplica cercana ni siquiera frente al reciente despido de otros embajadores criollos del ámbito musical. ¿Acaso no entonamos hasta hoy ‘Regresa’? Cantamos a viva voz el hit de Lucha, quizá rogando, vanamente, que la queridísima Negra de Oro vuelva y no parta más de nuestra patria.

Pero no hay apreciación de decadencia que pueda cambiarse, así como no hay expresión que siga definiendo mejor al Perú costeño que la música criolla. Cuando escuchamos los acordes metálicos de esas guitarras de palo antiguas, vibran las historias de nuestra ciudad perdida. Al son de esas voces ásperas, que con sus tiernas melodías, nos llevan de paseo por amores imposibles, viajamos a través del tiempo y nos ubicamos en una época cuando la música de los callejones más humildes era el sagrado testimonio de una Lima desconocida. Así los balcones de Barrios Altos le siguen llorando pétalos a su Virgen del Carmen, y entre sahumerios de Domingo Santo huele todavía a fiesta y a jarana. En La Victoria, barrio bravo, engordan gatos de alegría; en el Callao, tierra de Avilés, la mar brava retumba el ritmo del cajón y la brisa sopla solitaria extrañando los viejos romances de antiguos soñadores. Que los criollos de verdad han nacido en medio del criollismo, y no les queda otra que ser criollos auténticos. Que los criollos seguirán viviendo la música como parte intrínseca de su experiencia, y que el puente a la felicidad no es ninguna otra cosa que no sea la guitarra, el cajón y la comida.

Mientras hayan criollos y haya descendencia de ellos, o mientras se reúnan los viejos con alma joven para atrincheren a hacerle resistencia a las influencias musicales foráneas, el espíritu puro de bohemia seguirá siendo el epicentro de todo buen cantor y compositor. Cualquier esquina de peruanidad debe ser análoga a la gastronomía que pasa por buen momento, pues hay muchas cosas por revalorar en esta hermosa tierra de abundantes expresiones culturales, rica en lo ancestral y contemporáneo. Las manzanas forjadas con historia están aquí y allá, como las de Barrios Altos donde las casonas siguen respirando aires de otra época, que de momento viene a la nuestra, poniendo a la nación del tamaño de ese distrito…  En donde los fantasmas y vivientes se juntan para dibujar ritmos en el suelo, las cuerdas trinan con notas penetrantes… ¡Que siga la jarana! Guitarra llama a cajón, Perú llama a lo criollo. Alce su Capitán (tradicional coctel de pisco + vermouth). ¡Salud, sobrino(a)!

Promoviéndote Perú

En el comienzo, allá por el año 2006, Promoviéndote Perú era una de esas ideas positivas que concebimos cotidianamente, de esas que mayormente no logramos madurar por dejarlas pasar. En aquella ocasión, la intención fue cultivar la esperanza de convertirnos en el mejor intermediario entre los hacedores y el éxito, como el verdadero medio difusor del emprendimiento en la población.

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