Martes, 22 Marzo 2016 00:00

Sabores italianos de esencia peruana

Escrito por

Salir a comer a veces puede representar un problema. ¿Dónde ir? ¿Será bueno ese lugar? ¿Costará mucho? Y otras preguntas que de pronto asaltan la mente.

Más si vivimos en un país en el que la mezcla es regla, donde queremos que el asaltado sea el paladar, la vista y el olfato nuestro. Cuando en la mesa se ausenta alguno de estos, la comida no pasa de ser un momento más en el diario trajinar. Se dice que la experiencia de restaurantes de comida italiana en el Perú, no se limita a ver la carta, comer y pagar. Supera eso. Empieza antes y termina después.

Tal vez inicie en la primera infancia, cuando de niño(a) el dejar la comida se podía justificar con un berrinchudo: ‘No, no quiero. No me gusta la carne ni el arroz’. Puede que generalice. El punto es que dichos argumentos desaparecían cuando la carne ya no se llamaba carne, sino pepperoni y ésta se incrustaba en una apetecible pizza. Mientras que el arroz era reemplazado por los suculentos Macaroni & Cheese, opciones que hasta la fecha, qué duda cabe, siguen gozando de la preferencia de los pequeñines. “La comida italiana suele manejarse como un premio, porque hay mucha abundancia de otras ofertas de restaurantes. Una pizza y una pasta suele salirse de lo rutinario. Es un premio para chicos y para grandes” me cuenta Oswaldo Solórzano Adrianzén (propietario de ‘El Ravioli’). Ahora que lo tengo sentado frente a mí, comienzo a pensar en voz alta: ‘¿A quién no le ha apetecido estos sabores italianos?’ Quien esté libre de culpa, que tire el primer tenedor…

Estamos acostumbrados a comer bien, a disfrutar delicias que encandilen el estómago y también el corazón. Los peruanos de buen diente (que somos todos o la gran mayoría), exigimos siempre lo mejor. Y al hacerlo, no necesariamente involucre al bolsillo, pero sí a la calidad de insumos. Detalles que se cuidan en ‘El Ravioli’, tanto-tanto, como la atención a sus comensales. A lo que Oswaldo refiere: “La razón de todo negocio es el cliente. Una recomendación boca a boca tanto positiva como negativa es bastante influyente. Las recomendaciones funcionan de forma muy efectiva. Para eso manejamos un estándar de calidad, donde el personal está bien preparado”. Otra interrogante al aire, pero que solo la escribo en este espacio es: ¿Qué pasaría si, en vez de concebir a la comida italiana como tal, empezáramos a sentirla peruana? Todo indica que la tarea ya ha sido puesta en marcha.

Oswaldo lo pensó desde joven. Etapa en la que fue mesero, escalando puestos del organigrama hasta asentarse -por bastante tiempo- como el brillante administrador de una conocida cadena de pizzerías. Aprendió el know how del rubro. Sin embargo, más adelante aprendería que las oportunidades no conocen de obstáculos. ¿Y por qué lo digo? Porque su sueño (abrir su propio restaurante) lo emprendió a partir del 2009, año en el que, si bien para el mundo significó crisis rotunda, para él significó lo contrario. A la recesión y su amargura le puso sabor italiano; claro, más una pizca de peruanidad: las ganas de salir adelante. Cuando estaba apreciando su local y propuesta gastronómica, rescaté su perfil disciplinado, empresarial y a la vez humano en lo siguiente: “Lo importante es estar constantemente reinvirtiendo en el negocio, cambiando equipos, motivando al personal para que trabaje contento.  Sobre la competencia diré que siempre es buena porque uno ve las debilidades, los colaboradores y comensales te comentan. Te impulsan a mejorar”. Estaba entre el cuchillo y la pared (o el plato). Debía probar algo de su carta, y comprobar saboreando, por qué el público lo elige, exigiendo que su segundo local esté a puertas de abrirse en el distrito de San Miguel para el 2016. Y así lo hice. Probé unos ravioles en salsa de carne. Al tener que comerlos con tenedor, no pude chuparme los dedos. Eso sí, anhelé la pronta inauguración de más locales suyos.

Finalmente, sobre lo que brinda añade: “Tengo una carta variada entre aperitivos, entremeses, ensaladas, variedades de pizzas, tipos de pastas (lasagnas, canelones, ravioles, fetuccinis), postres, panqueque, helados, vinos, bebidas gaseosas, bebidas calientes. Creo que es una carta completa. La gente busca la comida italiana pero con un toque peruano. Que se define con la sazón, esa que viene de casa”. Hay público para todos, público que sin importar el color de la salsa (bolognesa, al pesto o a lo Alfredo), prefiere explorar sabores y formas que la culinaria peruana ha adaptado de influencias extranjeras. Los comentarios positivos están a la orden del día, la aceptación a pedir de boca. Las órdenes van y vienen para pedir lo que se le antoje. Venga a probar lo que ‘El Ravioli’ (en Av. Las Palmeras 3895 / Los Olivos) tiene, está invitado a aplicar el viejo refrán: barriga llena, corazón contento. 

Más información: http://www.elravioli.com.pe/

Anacrónico Zeta

Analista, filósofo, opinólogo, crítico de cine. Todo sin certificar. Pilas de libros ocupan mi formación extra academicista. Egresado de comunicaciones de una universidad limeña que no me paga por mencionarla. Todo mi tiempo libre lo ocupo en recorrer Quilca y el pasaje 18 de Polvos Azules, buscando culturizarme con cine, literatura y otras artes. Casi nunca cargo un centavo para comprar algo, pero lo apunto en mi block adefesiero. Me gustan las buenas conversaciones con gente interesante, que te invita a debatir sobre algún tema sin pelear. Creo que un hombre no es lo que el cuadro meritorio le hizo creer en el colegio; “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él” como dijo Jean-Paul Sartre.